Publicado por Iván Martínez Barredo
Desde hace semanas algunos de nuestros simpatizantes vienen extrañándose por el hecho de que en El Rugido no se escriban muchos más artículos sobre el movimiento 15-M y por el sorprendente silencio que mantenemos algunos de quienes hemos sido los principales responsables de esta revista -sobre todo en épocas fundacionales-, pues teóricamente El Rugido debería estar encantado con este despertar crítico de determinados sectores de la sociedad.
Dado que El Rugido -como bien sabéis- no tiene línea editorial de conformidad con lo explicado en el Artículo Fundacional del periódico, estas líneas únicamente representan mi opinión y la de nadie más (como siempre, quedáis invitados a contrastarla con vuestros comentarios). En este artículo enunciaré los que en mi opinión son los puntos fuertes de este movimiento, continuaré señalando los aspectos que para mí son negativos, y concluiré relacionando este movimiento con El Rugido y la capacidad de compromiso de nuestra juventud en general y de algunos casos concretos en particular.
Con independencia de las múltiples carencias que puedan señalarse, debe valorarse como positivo el hecho de que se estén encendiendo debates en varios puntos del país. Aunque no se hayan formulado por ahora soluciones mágicas que arreglen el mundo, comenzar por ser conscientes de los problemas existentes no está mal. Así pues, debiera ser un primer paso que condujera a otros estadios.
Los manifestantes han logrado hacer ver a todos los habitantes del país que no es aislada la sensación que todos albergábamos referente a que nuestra democracia no es tal, y que es una situación suficientemente grave y unánime como para despertar el sentir de la calle. Entendámonos bien, cuando afirmo que no vivimos en una auténtica democracia no estoy sosteniendo que el régimen franquista fuera más garantista o la Transición tuviese lugar en vano, ¡claro que no! No estamos viviendo en democracia del mismo modo que nuestros antepasados del siglo XIX no vivieron en democracia durante el conocido como sexenio democrático (1868-1874). En aquella época y ahora hay una evidente corriente que tiende a progresar hacia nuevas cotas de libertad. Generaciones anteriores lograron llevar al país desde la dictadura hasta el régimen de la Constitución del 78 (un cambio muy meritorio) y ahora a nosotros nos toca no conformarnos con la situación actual.
A continuación me gustaría disertar sobre el origen de este movimiento, que podríamos calificar históricamente como revolución. Y como todas las revoluciones a lo largo de los tiempos, no estallan en tiempos de bonanza sino en cruentas crisis económicas. En esta ocasión, lo que se ha mezclado con una excelente base teórica de reforma institucional (en cuanto a la procedencia de enmiendas a la Ley Electoral, el modelo del sistema, etc...) han sido las acuciantes necesidades de un amplio sector de la población, más preocupado por la pérdida de su empleo y calidad de vida que por el modelo de Estado. Sin ir más lejos, en siglos pasados la burguesía no convenció al pueblo para levantarse contra el Antiguo Régimen hablándoles a los campesinos de Montesquieu, sino hablándoles del hambre. Y aunque el núcleo intelectual pide cambios en el modelo institucional y en la esencia misma del Estado (el mismo papel que en su día ocupó la Ilustración), lo que atrae a la gente es que quieren trabajo y que su poder adquisitivo no se vea mermado por el actual sistema (extremo totalmente lógico). Y todo ello cuajó, y se extendió por internet aprovechando la estructura ya establecida para defender un problema local de la propia red (la Ley Sinde) utilizándola como instrumento para desembocar en algo más amplio.
Pero no nos engañemos. Si estamos hablando ahora mismo del 15-M, y si se fue multiplicando el número de personas acampadas en la Puerta del Sol, no fue gracias a las redes sociales ni gracias a internet. Creer eso me parecería fantasioso. Si todo el mundo se enteró de que el primer día unas pocas personas se habían juntado en Sol fue porque se colocó sobre ellos la poderosa lupa de los medios de comunicación.
Los hemos comentado cientos de veces en estas páginas rugidoras. A modo de ejemplo, por muy estupendo que sea un partido que tú fundes para presentarte al Congreso de los Diputados, es imposible que alguien pueda votarte si ni siquiera sabe que existes. No resulta complicado investigar -si uno tiene tiempo para proponérselo- la cantidad de fuerzas políticas existentes sometidas al oscurantismo informativo, argumentado con el círculo vicioso de que no reciben atención mediática porque no tienen representación parlamentaria (que nunca se conseguirá sin una mínima mención en los medios).
Durante los últimos años, no sólo El Rugido, sino otras muchas plataformas han tratado de hacer calar en la sociedad mensajes críticos con el objetivo de tratar de "cambiar el mundo". Algunas de ellas -a las que también pertenecí activamente como es sabido- contaron incluso con el apoyo de universidades y empresas. Si en esta ocasión los medios han focalizado su atención en este movimiento ciudadano, en mi opinión ha sido sola y exclusivamente porque consideraron que el movimiento podía instrumentalizarse y rentabilizarse electoralmente. Estoy seguro de que recordaréis durante esos días haber leído tanto opiniones de que los hechos podían movilizar al electorado de izquierdas, o incluso que podían desmovilizarlo en beneficio de la derecha (de hecho fue uno de los dilemas que tuvo que analizar Rubalcaba cuando meditaba qué hacer con esa manifestación prohibida por la Junta Electoral Central). El interés informativo, y las interpretaciones sobre los hechos, podían tener una trascendencia electoral semejante a la del 11-M.
Precisamente, la primera característica que me gustaría afear a parte del movimiento (excluyendo a la sección fundadora) es precisamente el oportunismo. Soy consciente de que me arriesgo a que bastante gente me critique por ello (entre ellos algunos de mis amigos simpatizantes del movimiento) pero no me gusta que estas protestas se hayan escenificado únicamente en crisis económica y a una semana de las elecciones. Y mucho menos me gustó -debo reconocer que me repugnó- saltarse la resolución de la Junta Electoral Central que prohibió la acampada durante la jornada de reflexión. Considero que la labor de denuncia conviene realizarla a diario, y apropiarse de una fecha clave como ésa en un país como éste -que tiene sus antecedentes- me parece muy oportunista e irrespetuoso. La gestión del gobierno de Rubalcaba ese día no merece comentarios. No cabe duda de que desalojar la plaza violentamente al estilo Barcelona habría sido lamentable, pero entiendo que podían tomarse otras medidas pacíficas para cumplir con el mandato de la Junta Electoral Central.
El otro punto que a mi juicio resulta reprobable es la entronización del Estado y la política como medio para resolver los problemas sociales que aquejan al país. Me explico, hoy en día, en un mundo globalizado, no se puede esperar que el Estado acometa una revolución económica internacional para solucionar los problemas de la gente (mejor no acordarse de la época de autarquía) ya que nos iríamos a la más absoluta pobreza, y ello por no hablar de que son las empresas, y no el Estado, quienes crean empleo. Por tanto, pienso que debería fomentarse el debate y el intercambio de opiniones, y no exigir que los poderes públicos realicen determinadas acciones, lo cual suena un poco a imposición al resto de la sociedad. Precisamente, en mi opinión la clave no está en el Estado –el chivo expiatorio por antonomasia- sino en la propia sociedad. En nosotros.
El movimiento 15-M debe debatir con el resto de la sociedad, y si el resto de formaciones no se nutren del debate y asumen sus ideas, lo que han de hacer es concurrir a las elecciones de forma legal, porque no puede imponerse a otra mayoría la ejecución de determinado proyecto no asumido por la misma. Esa es mi opinión según la cual que el movimiento se institucionalice es totalmente necesario para llevar a las urnas sus propuestas si es que no son recogidas por los representantes actuales. Y digo más, creo que deberían constituirse como partido cuanto antes, ya que si tardan mucho y siguen desconcentrándose, cualquier interesado medio ajeno a la esencia del 15-M puede tratar de sacar tajada formando su propia organización, siendo imposible averiguar cuál es la auténtica dado que no existen portavoces ni institucionalización alguna. Es cuestión de tiempo.
Me gustaría hablar, por último, desde mi experiencia en El Rugido y plataformas análogas, sobre el compromiso de un sector de nuestra juventud con la Sociedad. Lamentablemente he constatado que el interés y compromiso de este tipo de personas es máximo al acabar la etapa del bachillerato y entrar en la universidad, pero lamentablemente se va diluyendo conforme la carrera avanza. Y es una pena, porque a medida que completamos nuestra formación es cuando más preparados estamos para promover este tipo de iniciativas. Conciliar todas las prioridades no es sencillo, pero creo que es honorable, encomiable y preciso que intentemos hacerlo. Todos hemos visto cuál es el problema, y ahora toca ser parte de la solución.